
Para poder escalar en lo más profundo se necesita un poco de astucia profesional, desnivelar lo absurdo, caminar a pasos hondos, una mano amiga que te ayude, un codo traicionero para subir, unas ovejas pastoras que se rían a carcajadas, un abrigo con olor a naranja y canela y por último, pero no menos importante una energía fluorecente desde el resplandor del útero, hasta hoy.